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Imagen por cortesía de © Netflix

#CriticadeMiedo

Casa ajena

Ópera prima de su director, el británico Remi Weekes, Casa ajena es un black horror que reflexiona sobre el drama de los refugiados y que combina una trama de denuncia social con una historia de casa encantada, arraigada en el folclore africano, y con una interpretación soberbia por parte de su dúo protagonista.

Título original: His House (UK, 2020) Color, 93 mins.
Director: Remi Weekes
Reparto: Sope Dirisu, Wunmi Mosaku, Matt Smith, Malaika Wakoli-Abigaba

★★★★ Otra vuelta de tuerca (2020) on IMDb


Estrenada por Netflix en Halloween, Casa ajena es el debut del director de cortometrajes Remi Weekes y una de las sorpresas más agradables de 2020, junto con Saint Maud (2019) de Rose Glass, cuando ambas fueron nominadas a los Premios del Cine Independiente Británico (BIFA).

Casa ajena, escrita por el propio Weekes, es un film de denuncia social que trata sobre la dramática situación de los refugiados, personas que huyen desesperadas de sus países por culpa de la guerra o la pobreza extrema, para encontrar en sus destinos odio y recelo en vez de esperanza. Bol y Rial son una pareja de sudaneses que se encuentran en esa tesitura. Han huido de un país azotado por la guerra y las matanzas, al Reino Unido, país donde se les ha concedido la solicitud de asilo. Y, mientras es tramitada, tienen que vivir en una casa de los suburbios londinenses. Allí tendrán que adaptarse a una nueva vida, en un entorno enormemente hostil y discriminatorio. Pero, Casa ajena es también un film de terror psicológico, un black horror sólidamente afianzado en el folclore africano y contado a través de una típica historia de «casa encantada» con sonidos espeluznantes detrás de las paredes y sombras fantasmagóricas que acechan al final de los pasillos, cuando los fantasmas del pasado de Bol y Rial se manifiestan en su nuevo hogar.

Al principio, Remi Weekes trata a Casa ajena con un estilo muy cotidiano y realista, que nos introduce a la pareja y sus esfuerzos por adaptarse a las nuevas costumbres casi de manera documental. Weekes presenta varios temas de actualidad social como el racismo y la identidad cultural y los usa para hacer una crítica a la manera en la que se trata a los refugiados en el Reino Unido. El desarraigo, la pérdida, la culpa por abandonar las costumbres, cada uno de estos sentimientos están representados en el film de Weekes. Así como el desdén, la discriminación y la indiferencia del país que los acoge. Y todo ello, sólidamente afianzado en las maravillosas interpretaciones de Sope Dirisu y Wunmi Mosaku (a quien hemos visto recientemente en la serie de televisión Territorio Lovecraft (TV 2020) emitida por HBO). Entonces, poco a poco, Remi Weekes va introduciendo el horror. Un horror más psicológico que físico, que sugiere que la casa que les han asignado se encuentra embrujada. A medida que avanza la trama, vamos teniendo evidencia de que algo poco natural les acompaña. Algo que parece atormentarlos utilizando sus propios miedos y traumas, y que Weekes presenta recurriendo a escenarios familiares como las imágenes pesadillescas de espectros y fantasmas o esa progresiva y destructiva obsesión de Bol por hallar el origen de los ruidos, que le lleva a emprenderla a golpes con la paredes y que recuerda al Peter Weller de De origen desconocido (1983) de George P. Cosmatos o, incluso, al Kevin Bacon de El último escalón (1999) de David Koepp.

Siendo justos, podría afirmarse que Casa ajena es una de las mejores películas de horror de 2020, pero no es la mejor. No es la mejor porque, aunque tiene grandes momentos de horror y una trama sumamente intrigante, con un giro final inesperado tanto en la revelación como en su consecuencia, que hará encogerse a más de un espectador en su butaca, no termina de consolidar la mezcla de géneros. Es cierto que Remi Weekes mantiene un ritmo y una atmósfera ciertamente adecuados, intercalando entre la narración los flashbacks necesarios para explicar la motivación de Bol y Rial para huir de su país y, sobre todo, para entender mejor los fantasmas que arrastran. Pero, especialmente, la atmósfera, donde la iluminación y el uso de los espacios destacan por encima de todo como generadores de opresión escénica. Sin embargo, hacia la mitad del metraje, Weekes provoca una derivación del terror psicológico hacia el físico, si quisiera apostar más por la sucesión de sustos repetitivos y de pasajes típicos del género para afianzarse como film terrorífico, pero que lejos de provocar más impacto, lo que consigue es que el conjunto pierda un poco de fuerza y, sobre todo, desasosiego.

Con todo, más allá de las imperfecciones que arrastra, Casa ajena es un debut prometedor, capaz de articular el terror más convencional con el drama de denuncia social, a través de un enfoque alegórico pero rotundo en su discurso. Sin duda, Casa ajena se une a esa lista de películas de terror modernas, como Déjame salir (2017) , Hereditary (2018) o It Follows (2014) , que han conseguido cambiar la percepción del horror por parte de la crítica y la audiencia, aunque por el camino pierdan un poco de sí mismas como arquetipos del género.




terrorbit
terrorbit
Escritor y amante de cine de terror. Superfan de las películas de zombies, cuantos más zombies, mejor. Desde mis ojos, cuatro décadas viendo cine de terror os contemplan.