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La 8ª noche (2021)

Imagen por cortesía de © Netflix

#CriticadeMiedo

La 8ª noche

Un insuficiente pero decididamente espeluznante film de terror sobrenatural coreano que, aunque cobra fuerza a medida que va asentando una ominosa atmósfera fundamentada, sobre todo, en un buen puñado de imágenes visualmente escalofriantes, se siente muy lastrada por un guión algo enrevesado, con abundantes dosis de buddy movie y del género fantástico, que no consigue nada positivo. Los actores, como Lee Sung-min, tampoco consiguen estar a la altura del esquema de personaje que se les ha asignado, con unas interpretaciones que parecen ofrecer lo peor de sí mismos.

Título original: Je8ileui bam (KOR, 2021) Color, 115 mins.
Director: Kim Tae-hyung
Reparto: Lee Sung-min, Park Hae-joon, Nam Da-reum, Kim Yoo-jeong

★✰✰✰ The 8th Night (2021) on IMDb


Que el terror coreano o K-Horror, término con el que se conoce a las películas de terror provenientes de Corea del Sur, está ya al nivel del más popular terror japonés o J-Horror es una realidad que los aficionados más avezados vienen observando desde hace algún tiempo. Desde que producciones como Dos Hermanas (2003) de Jee-woon Kim, la película de terror surcoreana más taquillera después de su estreno y la primera que llegó a los cines de Estados Unidos, o The Host (2006) de Bong Joon-ho abriesen el camino al éxito internacional para otras, incluso mucho más populares, como Train to Busan (2016) de Sang-ho Yeon o Gon-ji-am (2018) de Beom-sik Jeong, la segunda película más taquillera después de Dos Hermanas y, por supuesto, la oscarizada Parásitos (2019) de Bong Joon-ho.

La ópera prima del escritor y realizador Kim Tae Hyung, desde luego, resulta más insuficiente que todos esos referentes, pero no deja de ser un espeluznante filme de supersticiones budistas, exorcismos, demonios y fantasía inspirado en el folclore y mitos coreanos. Hay algo de El extraño (2016) de Na Hong-jin en esta película, las constantes e intensas lluvias, el poseído que aparece tambaleante en la noche, y ese desarrollo inverosímil e impredecible, lleno de giros, que no sabes a dónde va a conducir. Pero, donde aquella era pura intensidad coreana, curiosa e intrépida, esta es más titubeante y tiene una dirección mucho más incierta.

Distribuida internacionalmente por Netflix, La 8ª noche sigue la historia de un exorcista budista, protagonizado por Lee Sung-min, que intenta dar caza a un demonio milenario que pretende desatar el infierno en la Tierra, mientras va saltando de un cuerpo a otro, en busca de reunir dos ojos místicos separados por Buda hace 2000 años. Al exorcista se le unirá un joven novicio, un televisivo Nam Da Reum a quien veremos próximamente en la interesante Singkeuhol (2021) de Ji-hoon Kim, y juntos iniciarán una carrera a contrarreloj para detener al poderoso demonio.

Con un argumento como este, no es de extrañar que sea recurrente la incursión de numerosos elementos de fantasía, sobre todo hacia la última parte, y otros prestados de films occidentales como Hidden (Lo oculto) (1987) de Jack Sholder o la más interesante Fallen (1998) de Gregory Hoblit, magistrales ejemplos de la premisa del cambio de cuerpo de la entidad maligna por cualquier contacto, que utiliza la historia para hacer extremadamente difícil de seguir a la entidad demoníaca y, al mismo tiempo, coleccionar una buena sucesión de imágenes visualmente escalofriantes, que van cimentando una ominosa y opresiva atmósfera, reforzada por los elementos ambientales como la lluvia o la oscuridad. En este sentido, la primera mitad de la película sigue una dirección mucho más interesante y terrorífica, al compás de las escenas de saltos de cuerpo y, sobre todo, los planos que se cierran sobre una adolescente de instituto poseída, interpretada por una Park Se-hyun realmente siniestra. Después, todo se vuelve más monótono y repetitivo, con prolongadas secuencias de buddy movie que no consiguen nada positivo. Esta amalgama de géneros también es una característica que la acerca al film de Na Hong-jin.

La 8ª noche tiene, en definitiva, buenos momentos y secuencias de horror, a los que no ayuda el ritmo errático y los actores, como Lee Sung-min, que tampoco consiguen estar a la altura del esquema de personaje que se les ha asignado, con unas interpretaciones que parecen ofrecer lo peor de sí mismos. Técnicamente hablando está excelentemente ejecutada, pero se termina volviendo anodina e inevitablemente aburrida, como todos los elementos de fantasía que incorpora: el interminable prólogo animado, la ficticia leyenda budista repetida en sendas ocasiones para que termine calando, el disparatado enfrentamiento final. O, para el caso, la innecesaria secuencia inicial arrancada de El exorcista (1973) de William Friedkin. Con todo, tiene suficiente suspense y terror como para cautivar a los aficionados con pocas expectativas.




terrorbit
terrorbit
Escritor y amante de cine de terror. Superfan de las películas de zombies, cuantos más zombies, mejor. Desde mis ojos, cuatro décadas viendo cine de terror os contemplan.