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Imagen por cortesía de © Monogram Pictures

#ArticulosdeMiedo

Terror afroamericano: análisis y renacimiento, parte I

De las películas raciales al “Blaxploitation”


William Shakespeare escribió “De lo que tengo miedo es de tu miedo”. Acudimos en masa a las salas de cine, junto a decenas de personas que no conocemos de nada y nos dejamos asustar durante un par de horas, dando rienda a nuestro miedo sin pudor, sin importar cuánto gritemos o cuán aterrorizados parezcamos, a sabiendas de que quienes se sientan a nuestro lado están experimentado sensaciones semejantes. Liberamos nuestros temores en grupo porque al final sabemos que el mal será vencido, que siempre habrá una final girl o un esforzado héroe que sobreviva al asesino enmascarado o al monstruo diabólico. Al menos hasta que se estrene la secuela y todo vuelva a comenzar de nuevo.

Salvo que seas afroamericano. Entonces, no regresarás para la continuación.

Los actores de color siempre han desempeñado un papel muy definido en las películas de terror y han tenido que lidiar de una manera especial con la forma en la que la industria cinematográfica les ha representado a lo largo de la historia. Tradicionalmente, han aparecido en papeles secundarios, como víctimas propiciatorias de los villanos y monstruos. Uno de los tropos más extendidos del cine de terror es que, aunque cualquiera podía ser una víctima y morir, los personajes de color siempre lo hacían primero. Bueno, lo cierto es que este tópico no estaba realmente basado en datos sino más bien en la percepción que la audiencia tenía al respecto. De hecho, la revista online Complex, de audiencia afroamericana, demostró que tan solo el 10% de los personajes negros morían primero; muy probablemente para prolongar todo lo posible su tiempo en pantalla y aprovechar al máximo su segundo rol más generalizado: el del alivio cómico. Personajes humorísticos que aportaban diálogos o escenas ingeniosas para aligerar el suspense o el drama de la historia. En su mayoría, los actores afroamericanos normalmente representaban papeles profundamente estereotipados y problemáticos, racialmente hablando.

King Kong (1933)

King Kong (1933) © Warner Home Video

Es cierto que se ha recorrido un largo camino desde los actores blancos con los rostros pintados que aparecían en las producciones de principios de siglo, o los indígenas semidesnudos y supersticiosos de las películas de los años 30, como King Kong (1933). En las décadas 50 y 60, el destino de los personajes afroamericanos se ceñía exclusivamente a ser receptores de muertes horribles o, en numerosos casos, objetos de burlas despectivas por parte del público. Los tropos habituales a los que eran sometidos en la gran mayoría de las producciones de terror previas a los años 70, no resultaban precisamente muy favorecedores o satisfactorios. Y aún estábamos muy lejos del concepto de Black Horror o “Terror afroamericano”.

El género terrorífico es un género que tradicionalmente se ha considerado transgresor. Su intrínseca característica fantástica ha generado maneras imaginativas, innovadoras y provocativas de percibir la realidad y traspasado fronteras que antes nunca se habían cruzado. En el cine de terror, la frontera entre lo cotidiano y lo sobrenatural, lo normal y la aberración, es constantemente soslayada con la finalidad de impresionar y sobrecoger al espectador. Sin embargo, el papel de los afroamericanos en las películas de terror parecía estar inevitablemente encadenado a su propia situación social como “ciudadanos de segunda”. Es decir, o estaban relegados a papeles secundarios, serviles o humorísticos; o se convertían en víctimas de villanos blancos. A pesar de que el cine de terror era muy popular entre los espectadores afroamericanos, su identidad étnica no era precisamente bien tratada por las producciones del género. Y en el resto de géneros de la época tampoco es que saliesen mejor parados. De aquí que surgiese la necesidad de diferenciar entre las producciones donde aparecían actores de color y aquellas que eran íntegramente filmadas para la audiencia afroamericana.

Son of Ingagi (1940)

Son of Ingagi (1940) © Hollywood Pictures Corporation

Evidentemente, a lo largo de la Historia y a efectos sociales, las películas producidas por cineastas blancos o no afroamericanos representaban la imagen que la sociedad, generalmente blanca, tenía sobre los ciudadanos negros; por lo que casi siempre representaban papeles sometidos a contextos claramente racistas. Por ejemplo, en 1982, Samuel Fuller dirigió Perro blanco, una terrorífica denuncia sobre el condicionamiento aversivo y racista de la sociedad de la Era Reagan, en la que un adiestrador de perros, interpretado por Paul Winfield, trataba de reacondicionar a un pastor alemán entrenado para atacar a la gente negra. La película, basada en una novela inspirada en una experiencia similar vivida por la actriz Jean Seberg, insinuaba que el racismo era una conducta aprendida y que, por tanto, podía ser desaprendida y fue duramente criticada en su momento. Tanto que se convirtió en la última película que Fuller dirigió en los Estados Unidos.

Las Race Movies o “Películas raciales”, sin embargo, eran películas producidas y protagonizadas por afroamericanos y proponían una narrativa centrada fundamentalmente en la identidad racial de sus personajes. Es decir, en su cultura, historia, costumbres, ideologías, etc. Tanto el movimiento Blaxploitation como el Black Horror o “Terror afroamericano” se incluyen dentro de esta categoría. Por ejemplo, en 1990, aún desconocido para la mayoría del público, Samuel L. Jackson tuvo un pequeño papel en Tentación diabólica (1990). Escrita, dirigida y producida por James Bond III, Tentación diabólica tenía un equipo técnico enteramente compuesto por afroamericanos y giraba en torno a premisas específicas de la cultura negra, como rituales de la Iglesia Negra Sureña, escenarios urbanos afroamericanos o estrellas de la música negra como Freddie Jackson o Melba Moore.

La noche de los muertos vivientes (1968)

La noche de los muertos vivientes (1968) © The Criterion Collection

Históricamente, las películas raciales comenzaron a tener cierto peso en la década de los años 30 y fundamentalmente se oponían a los estereotipos impuestos por la industria de Hollywood y la sociedad en general para los actores negros, ampliando el rango de personajes que podían interpretar. Sin embargo, sus temáticas aún estaban muy lejos del género terrorífico y se acercaban más a los temas sociales, dramas y comedias musicales. En aquella época, lo habitual era que las apariciones de actores negros se limitasen a ser meros actores de reparto como Willie Best en The Hidden Hand (1942) o El monstruo asesino (1932) o Mantan Moreland en Ojos en la noche (1942) o Revenge of the Zombies (1943), por citar algunos. Sin embargo, existieron algunas excepciones como Son of Ingagi (1940), quizás la primera película de terror con un reparto enteramente afroamericano, dirigida por Richard C. Kahn y distribuida por Sack Amusement Enterprises, una compañía independiente especializada en la producción y distribución de Race Movies. Y, aún así, el monstruo de apariencia simiesca que aterrorizaba a una pareja de recién casados, recibía el nombre de N’Gina que significaba “sirviente”.

En los años venideros, más y más actores de color fueron teniendo una mayor presencia en las películas de terror, como Joel Fluellen quien interpretó a un ayudante de científico con estudios y no exento de heroicidades en Monster from Green Hell (1957) o la gran sorpresa que supuso el clásico La noche de los muertos vivientes (1968), donde Duane Jones interpretaba nada más y nada menos que un papel protagonista. Y no solo eso, sino que el maestro George A. Romero le hacía sobrevivir durante todo el metraje, e incluso insinuar un leve flirteo con el personaje femenino. Hasta llegar, claro está, a la conclusión de la película, tan inesperada e impactante como una descarga eléctrica, donde en un implacable baño de realidad el personaje de Jones es abatido por un grupo de policías y cazadores blancos, ebrios de alcohol y de sangre, que forzaba a los espectadores a preguntarse quién era realmente el monstruo en esa película.


Terror afroamericano: análisis y renacimiento, parte II – Del Blaxploitation al ostracismo de los 80 y 90.


Si lo deseas puedes consultar la lista de IMDB Las mejores películas de terror afroamericano: del Blaxploitation al Black Horror para recibir más información sobre las películas mencionadas en este artículo.


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terrorbit
terrorbit
Escritor y amante de cine de terror. Superfan de las películas de zombies, cuantos más zombies, mejor. Desde mis ojos, cuatro décadas viendo cine de terror os contemplan.