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Tiburón Blanco (2021)

Imagen por cortesía de © RLJE Films | A Contracorriente Films

#CriticadeMiedo

Tiburón blanco

Típico exponente del subgénero terrorífico sharksploitation que, más allá de masacrar las premisas argumentales de otros tantos films representativos como «Territorio escualo (2018)» o «El arrecife (2010)», se limita a proponer de una manera conscientemente superficial y banal, el calvario de un grupo de turistas a bordo de una balsa de salvamento y rodeados de tiburones asesinos, con alguna imagen potente aunque con poca chicha.

Título original: Great White (AUS/USA/UK, 2021) Color, 91 mins.
Director: Martin Wilson
Reparto: Katrina Bowden, Aaron Jakubenko, Kimie Tsukakoshi, Te Kohe Tuhaka

✰✰✰✰ Great White (2021) on IMDb


Tras el estreno de Tiburón (1975) , la industria cinematográfica lleva más de cuatro décadas y media imitando la fórmula que convirtió al film de Steven Spielberg es uno de los máximos exponentes del terror acuático de serie B. Decenas de imitaciones apelaron al poder aterrador del depredador más feroz del océano, la siguieron e inundaron las pantallas de todo el mundo para ofrecer efervescentes estrenos veraniegos llenos de acción y aventuras.

Tiburón blanco, el primer largometraje del realizador australiano Martin Wilson, es uno de ellos. Ambientada en la península de Redcliffe, y con un argumento muy similar a Territorio escualo (2018) , donde otro grupo de turistas acaban en una balsa salvavidas y deben sobrevivir a una manada de grandes tiburones blancos, la trama gira en torno a una pareja que posee un negocio que organiza excursiones aéreas alrededor de un exótico atolón y que sufren el feroz ataque de un enorme tiburón, cuando descubren los restos de un hombre medio devorado y deciden investigar por los alrededores en busca del barco de la víctima.

Que no todas las imitaciones del clásico de Spielberg son bodrios es evidente, en la memoria destacan filmes como Infierno azul (2016) o Open Water (2003) , la principal diferencia entre estos y los burdos intentos de explotar la figura del tiburón blanco como icono terrorífico es justo lo que deben tener este tipo de películas: imaginación. Básicamente los filmes de sharksploitation se limitan a hacer un refrito de los escenarios ya planteados por Spielberg y amplificarlos con algún tipo de artificio barato como el tamaño o el número de tiburones que amenazan a los protagonistas o la truculencia de sus imágenes. Tiburón blanco pertenece a esta última categoría.

Como un buen refrito de otras tantas películas de tiburones, al guionista Michael Boughen no le interesa demasiado las explicaciones, de modo que los ataques se suceden uno tras otro sin mucha lógica detrás y se producen simplemente porque sí. Y fuera de éstos, que al menos nos proporcionan alguna imagen potente aunque poca chicha, el resto del film está adueñado por la modorra, las situaciones reiterativas y los personajes vacíos y sin carisma, que van desde el marido celoso, pasando por el héroe traumatizado por un antiguo ataque de tiburón, la heroína resiliente, etc.

El segundo acto de Tiburón blanco no sería tan malo si su acercamiento a la premisa argumental de Náufragos (1944) de Alfred Hitchcock, palabras mayores, hubiese sido más valiente y los conflictos a bordo del bote de salvamento hubiesen resultado más creíbles, más allá de empujar a la víctima más obvia fuera de la relativa seguridad de una balsa neumática. Tristemente, Martin Wilson deja pasar la oportunidad de haber rodado una oscura parábola sobre la supervivencia de la mayoría y se limita a mostrar a los personajes rodeados de feroces tiburones, o quizás no tanto, plantando cara a la extrema situación limitándose a remar con gesto hosco y miradas furtivas.

En resumidas cuentas, aunque es cierto que Tiburón blanco muestra potencial a la hora de extraer la máxima tensión de sus escenarios, nunca se aprovecha del todo y tiene numerosos momentos flojos que arrancan bostezos de los espectadores, lo cual limita mucho sus opciones. El ridículo desenlace final y su imposición forzosa de la suspensión de la incredulidad, tampoco ayudan demasiado.




terrorbit
terrorbit
Escritor y amante de cine de terror. Superfan de las películas de zombies, cuantos más zombies, mejor. Desde mis ojos, cuatro décadas viendo cine de terror os contemplan.