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Imagen por cortesía de © Paramount+ | Prime Video España

#CriticadeMiedo

Cementerio viviente: Los orígenes

Intento de contextualización del antiguo cementerio indio que daba título al bestseller de Stephen King y precuela de la adaptación de 2019, que, como la media de productos similares, acaba resultando fallida y naufragando en los habituales lugares comunes: guion vacío, pobre desarrollo de personajes, y dependencia de los sustos baratos. Solo para muy fans de la historia original de Stephen King y completistas.

Título original: Pet Sematary: Bloodlines (USA, 2023) Color, 87 mins.
Director: Lindsey Anderson Beer
Reparto: Jackson White, Natalie Alyn Lind , Forrest Goodluck, Jack Mulhern

★✰✰✰✰ Pet Sematary: Bloodlines (2023) on IMDb


“Cementerio de animales” (DeBolsillo, 1985) fue una de las novelas más populares de Stephen King y también una de sus traslaciones cinematográficas más sólidas, en plena efervescencia de adaptaciones al cine de obras del escritor. La película de Mary Lambert, El cementerio viviente (1989) , cuyo guion fue incluso adaptado por el propio King, obtuvo gran aceptación entre el público y dio lugar a una secuela, Cementerio viviente 2 (1992) , dirigida también por Lambert. Pero, de calidad muy inferior y que acabó por enterrar la macabra historia del cementerio indio maldito que hacía regresar del más allá a las criaturas que se enterraban en el lugar.

Años más tarde y coincidiendo con el 30 aniversario del estreno de la primera adaptación, los directores Dennis Widmyer y Kevin Kolch hicieron un remake para Paramount Pictures, con el título de Cementerio de animales (2019) crítica y algunos cambios sustanciales en la historia, pero aún manteniéndose fiel al original literario. Esta nueva relectura del relato de King ofrecía una experiencia más seria y terrorífica que la versión de los ochenta, y aunque no acabó de estar a la altura terminó por recaudar una considerable cantidad de dinero. Es por ello que Paramount ha decidido seguir con la saga y producir Cementerio viviente: Los orígenes, bajo el sello Paramount+.

Dirigida por la directora debutante Lindsey Anderson Beer, quien también coguioniza junto a Jeff Buhler, Cementerio viviente: Los orígenes es una especie de contextualización del cementerio maldito que da título al bestseller, a modo de precuela de toda la saga. La trama se ambienta a finales de los sesenta y gira en torno a una pareja de jóvenes, Jud y Norma, (Jackson White y Natalie Alyn Lind), que sueñan con abandonar el pequeño pueblo en el que viven, pero ven truncados sus planes cuando un antiguo amigo de Jud regresa de Vietnam. El psicótico comportamiento del amigo, vinculado a un antiguo cementerio de mascotas, desencadena una serie de eventos perturbadores que amenazarán, no solo sus deseos de escapar del lugar, sino también sus propias vidas.

Si has leído la novela o visto alguna de las adaptaciones, conocerás la importancia de Jud Crandall en “Cementerio de animales”. Fue él quien reveló el lugar por primera vez, proporcionándole un contexto histórico como un antiguo cementerio perteneciente a la tribu Micmac. Con el tiempo, se convirtió en un sitio donde los habitantes del pueblo enterraban a sus mascotas, y él mismo sepultó a su perro en la infancia. Partiendo de esta breve explicación, Anderson Beer y Buhler desarrollan subtramas intrigantes, como la supuesta maldición que afecta al pueblo y la función de guardianes de la misma, desempeñada por algunos residentes, como el padre de Jud, interpretado por Henry Thomas.

Esta línea argumental entronca, de alguna manera, con esa maldición del Wendigo de la que se hablaba en la novela. Pero, Anderson Beer y Buhler no parecen estar muy interesados en desarrollarla. Es más, esta subtrama como la mayoría de las insinuadas por la historia, parece no conducir a ninguna parte y todo se reduce a una apuesta por el terror más torpe y efectista. Como ese breve flashback del pasado que concierne al origen sagrado del cementerio que, más allá de mostrar una escena de truculencia, resulta poco convincente. Quizás si esta escena de colonos ingleses y su confrontación con el folclore indígena se hubiese desarrollado mejor o extendido más en el metraje, aún estaríamos ante una película totalmente distinta y digna de mención. Pero, no es así.

La falta de originalidad de la propuesta de Lindsey Anderson Beer va en aumento a medida que avanza la trama. Es cierto que la directora se esfuerza en ofrecernos los habituales guiños a la mitología de la saga, pero resultan insuficientes. Y lo único que mantiene con un hálito de vida una historia tan anodina, es el enorme potencial que contiene la presencia del cementerio de animales y esa promesa de que algo aterrador va a salir de la tierra maldita, por mucho que no esté todo lo bien explotado que debería.

Pero, entre los muchos defectos que tiene la película de Anderson Beer, destaca uno por encima de todos y es su absoluta falta de atmósfera. No hay nada que inquiete al espectador, ni sensación alguna de que su trama conduzca a algo especialmente aterrador. La espesa fotografía nocturna de Benjamin Kirk tampoco ayuda demasiado.

Ni siquiera el reparto encabezado por jóvenes actores como Jackson White o Natalie Alyn Lind, que parece nacida para convertirse en scream queen de la Gen Z, y completado con estrellas de la talla de Henry Thomas, David Duchovny y Pam Grier consigue sacar a Cementerio viviente: Los orígenes del tedio generalizado. Sus actuaciones cuanto menos resultan planas y, sobre todo, muy cansinas. Algunos de los actores más reputados, como Duchovny o Grier, parecen estar interpretando otra película. Y lo mismo le ocurre a Alyn Lind, quien tiene una secuencia en un hospital que parece sacada de un slasher ochentero, tipo Halloween 2: Sanguinario (1981) o Angustia en el Hospital Central (1982) , totalmente fuera del tono general.

En conclusión y sin recurrir al chiste simplista relacionado con el eslógan de la película original de Mary Lambert (“A veces es mejor estar muerto”), Cementerio viviente: Los orígenes es una de esas secuelas/precuelas que nunca debieron ver la luz. No ya porque nadie las ha pedido, sino porque su aportación a la mitología de una película o de una saga es prácticamente insignificante. En su mayor parte, la película de Lindsey Anderson Beer podría considerarse como un típico subproducto de horror para su disfrute en Halloween, con amigos y muchas cervezas. Pero, la directora novel no muestra ningún tipo de habilidad para el suspense o el ritmo. Y para colmo, el montaje nos roba algunos momentos que podrían haber sacado a la película de su estupor, como el ataque canino a Pam Grier o el desenlace en el que apenas se distingue cosa alguna en pantalla. Así que, si puedes, déjala enterrada en el catálogo de Prime Video o Paramount+, si vives en Latinoamerica.




terrorbit
terrorbit
Escritor y amante de cine de terror. Superfan de las películas de zombies, cuantos más zombies, mejor. Desde mis ojos, cuatro décadas viendo cine de terror os contemplan.