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Immaculate (2024)
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Imagen por cortesía de © Neon | Diamond Films España

#CriticadeMiedo

Immaculate

Especie de vampirización de dos obras maestras del cine de terror como son La semilla del Diablo y La profecía, reconvertidas al fenómeno del «nunsploitation». La película comienza de manera prometedora, pero degenera progresivamente por la falta de imaginación de su director, quien en lugar de desarrollar la historia, se limita a encadenar una serie de clichés ya vistos anteriormente. A pequeña escala, los incondicionales de Sydney Sweeney disfrutarán de su expresiva interpretación y de alguna que otra escena escabrosa.

Título original: Immaculate (USA/ITA, 2024) Color, 89 mins.
Director: Michael Mohan
Reparto: Sydney Sweeney, Álvaro Morte, Simona Tabasco, Benedetta Porcarolli

★★✰✰✰ Immaculate (2024) on IMDb


La semilla del Diablo (Rosemary’s Baby, 1968) de Roman Polanski, La profecía (The Omen, 1976) de Richard Donner y, por supuesto, El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin, se han convertido en las tres películas más influyentes del cine fantástico a la hora de establecer las bases del subgénero de terror religioso. Sin importar la década, la nacionalidad de la cinta o sus creadores, cuando se trata de influir verdadero miedo en el corazón de los espectadores, no hay nada como introducir la figura del mal asociada a la cultura espiritual de la humanidad y, en el caso del catolicismo, en el poder de la fe en Dios. Satanismo, la llegada del anticristo, posesiones infernales, sus premisas no pueden ser más dispares, pero este triunvirato del terror religioso cinematográfico comparte una advertencia sobre lo que podría suceder si ciertos conceptos religiosos arraigados en la cultura occidental son subvertidos por la superstición y el fanatismo de representantes eclesiásticos y fieles.

Con la costumbre de Hollywood de estrenar simultáneamente películas con argumentos similares, Immaculate del estadounidense Michael Mohan se adhiere a la reciente oleada de películas de terror con monjas que ha dominado las salas de cine desde el éxito en taquilla de La monja (The Nun, 2018) de James Wan. Además, se anticipa al estreno de La primera profecía (The First Omen, 2024) , otra película de este año que explora las ansiedades y vulnerabilidades asociadas a la maternidad de una novicia, que cuenta con una historia asombrosamente similar, aunque con ambiciones bien distintas.

En Immaculate, Sidney Sweeney interpreta a la Hermana Cecilia, una joven novicia norteamericana que viaja a un aislado convento en la campiña italiana que sirve como hogar de retiro y cuidados paliativos para monjas ancianas. Pronto, de manera sorprendente, descubrirá que está embarazada sin haber tenido relaciones sexuales y que su concepción es vista como un milagro dentro de los muros del convento. A partir de este momento, su salud comienza a deteriorarse rápidamente y la hermana Cecilia empezará a sospechar que algo siniestro ocurre entre los muros del convento.

Escrita por el debutante Andrew Lobel, Immaculate es un proyecto personal de la propia Sidney Sweeney, una actriz reconocida por los aficionados al género por sus trabajos en la serie Heridas abiertas (Sharp Objects, Miniserie de TV 2018) y Nocturno (Nocturne, 2020) , quien audicionó para el papel cuando era adolescente y ha regresado a él, una vez que adquiriese los derechos del guión y pidiese transformar el personaje original de la Hermana Cecilia de niña a mujer. Sweeney ha recurrido al director Michael Mohan, con quien ya había trabajado en el thriller erótico Los voyeurs (The Voyeurs, 2021) , para producir este rutinario film nunsploitation que recorre todos los tropos habituales de este tipo de películas de serie B: imágenes escabrosas, iconografía católica subvertida, etc., de una manera disfrutable pero desigual y partiendo de una propuesta un tanto ambigua que no termina de ser explotada del todo.

Conceptualmente hablando, Immaculate vampiriza las premisas narrativas de los clásicos de Polanski y Donner y, al mismo tiempo, las infusiona con un espíritu sensacionalista con detalles de cine body horror cronenbergiano y reminiscencias de Agnes de dios (Agnes of God, 1985) . Esta última, sin ser un film de terror per se, establece muchos de los escenarios comunes en el subgénero del nunsploitation. Además, hay una secuencia que recuerda a Las torturas de la inquisición (Hexen bis aufs Blut gequält, 1970) de Michael Armstrong y Adrian Hoven. Desafortunadamente, la trama, plagada de previsibilidad e incongruencias, resulta ineficaz tanto en el desarrollo de su propuesta como en la profundización de los personajes. La propia Hermana Cecilia, interpretada con fuerza y convicción por Sweeney, resulta ser un personaje muy ambiguo que nunca se presenta como completamente coherente. Por esta causa, cuando el arco narrativo lleva a la Hermana Cecilia de tímida y desprotegida novicia a vengativa y violenta madre que trata de escapar del convento con su milagro en camino, no resulta demasiado convincente. Lo mismo ocurre con la supuesta amenaza de unas siniestras monjas con máscaras faciales rojas, cuya presencia y finalidad nunca se explica completamente.

En el aspecto visual, más de allá de ser un vehículo descaradamente morboso en torno a la figura de Sidney Sweeney, Michael Mohan parece tener un cierto interés por insuflar un estilo alucinógeno a la película, lo que se traduce en planos cambiantes y en la maravillosa fotografía de Elisha Christian y su visión del convento como un conjunto opresivo e interminable de pasillos en penumbra. Sin embargo, Mohan muestra poca habilidad a la hora de aplicarlo y la película se siente muy plana y con nulo interés en términos de lenguaje visual. A lo largo del metraje de Immaculate escasean los momentos memorables, de esos que se quedan grabados a fuego en la retina, por mucho que la Sweeney acabe empapada en sangre en uno de los desenlaces más enloquecidos y anticlimáticos de los últimos tiempos. Por otra parte, los pocos sustos que tiene, aunque efectivos, no resultan tan impactantes como deberían. Al menos, la siempre presente iconografía católica de rosarios, crucifijos y reliquias es utilizada con acierto por el director como herramientas de venganza, lo que los convierte en los verdaderos elementos del horror en Immaculate.

En resumidas cuentas, Sydney Sweeny es el corazón de Immaculate. No solo por su intensa interpretación, cargada de expresividad y matices, sino por el encendido debate que genera en redes sociales su imagen sensual, el verdadero «fantasma en la máquina» de esta película. Además, Sweeney, también productora, ha sabido aprovechar al máximo un par de escenas escabrosas para darle al papel una dimensión mayor de la que realmente tiene en el guion. Por otro lado, es justo decir que Immaculate no aburre en su mayoría, algo en lo que su ajustada duración juega a su favor. Pero, la verdad es que termina dando una de cal y otra de arena, sobre todo cuando la trama intenta explicar lo inexplicable y se repite en los conceptos básicos.




terrorbit
terrorbit
Escritor y amante de cine de terror. Superfan de las películas de zombies, cuantos más zombies, mejor. Desde mis ojos, cuatro décadas viendo cine de terror os contemplan.