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La casa de las profundidades (2021)

Imagen por cortesía de © Epix | Paramount Pictures

#CriticadeMiedo

La casa de las profundidades

El sexto largometraje de los franceses Alexandre Bustillo y Julien Maury es un espeluznante e intenso híbrido que combina los convencionalismos del metraje encontrado con el subgénero de casas encantadas, todo ello ambientado en un fantasmagórico escenario subacuático. Una película sencilla en su esquema conceptual que desgraciadamente resulta más inquietante que terrorífica, fundamentalmente debido a la pobreza de su guión y a la precipitación de su desenlace. A destacar el impresionante e inusual escenario subacuático.

Título original: The Deep House (FRA/BEL, 2021) Color, 85 mins.
Director: Alexandre Bustillo, Julien Maury
Reparto: Camille Rowe, James Jagger, Eric Savin, Alexis Servaes

★★✰✰ The Deep House (2021) on IMDb


Los directores franceses Alexandre Bustillo y Julien Maury pusieron patas arriba el selecto ecosistema del Extremismo Francés con su opera prima, la visceral y ultraviolenta Al interior (2007) , una epopeya al fetichismo sanguinolento que demostró que ellos fueron, junto a Pascal Laugier y Alexandre Aja, los cineastas que mejor captaron el arrollador nihilismo del movimiento, con su atmósfera pesimista y la ausencia total de concesiones formales. Combinando los convencionalismos propios del metraje encontrado con el subgénero de casas encantadas, su sexto largometraje cuenta la historia de una pareja de youtubers especializados en la exploración urbana que pretenden hacer una pieza sobre un pueblo sumergido en un lago francés y acaban atrapados en el interior de una siniestra mansión que oculta un secreto mortal.

La casa de las profundidades es una película sencilla en su esquema conceptual e intención, sin el extremismo gore de sus obras anteriores, por razones obvias, pero con idéntico poso de oscuridad y barroquismo en sus imágenes. Si bien la premisa no es nueva, los aficionados al género reconocerán influencias de la maravillosa escena subacuática de Inferno (1980) de Dario Argento, que filmara el operador de cámara Lorenzo Battaglia, o la producción española Bajo aguas tranquilas (2005) de Brian Yuzna, donde un periodista filma la localización de una iglesia sumergida bajo las aguas de un pantano donde un culto satánico llevaba a cabo sus ritos diabólicos, la espeluznante atmósfera submarina es innegable y proporciona auténticos escalofríos dejando un par de situaciones impactantes aquí y allá, al mismo tiempo que ofrece un estimulante nuevo giro de tuerca al subgénero de casas encantadas.

Más fresca en su primera parte, donde Bustillo y Maury trabajan los sobresaltos y el suspense totalmente a la vieja usanza, apoyándose en la excepcional fotografía submarina de Jacques Ballard, adecuadamente enturbiada con las burbujas de oxígeno y el sedimento flotante, y en los efectos de sonido, especialmente espeluznante es el momento de la reproducción de una canción bajo el agua cuyo sonido se degrada cuando los submarinistas se acercan a la puerta de la supuesta mansión encantada, para construir la tensión de manera progresiva con cada obstáculo superado, con cada habitación explorada por la pareja protagonista. Resulta imposible no quedar impresionado por los primeros planos submarinos de la casa.

La casa de las profundidades se disfruta desde su concepto inicial, desde esa intención de pervertir la realidad de manera sutil rodando enteramente bajo el agua y su regreso al terror sobrenatural orgánico e inmediato, sin las aspiraciones de terror elevado que empañan ciertas producciones contemporáneas. Bustillo y Maury manejan la tensión con acierto, incidiendo en la sensación de angustia e inevitabilidad. Sin embargo, de la misma manera que la atmósfera subacuática dota a la película de la claustrofobia y asfixia necesarias para sacar adelante una premisa tan simple, las limitaciones de movimiento y la ausencia de profundidad de campo, acaban afectando de manera negativa a la propia narración. Un actor interpretando a un cadáver resucitado bajo el agua resulta aterrador de una manera muy limitada, salvo que se evite su exposición ante la lente y se muestre en contadas ocasiones para proporcionar el oportuno sobresalto. Pero no es el caso. Y lo mismo sucede con los movimientos de cámara exagerados en los que la audiencia tan solo consigue discernir burbujas y oscuridad. Si a esto le sumamos que la intrahistoria que da sentido a los acontecimientos sobrenaturales resulta poco trabajada y el guión acaba perdiendo toda la originalidad inicial al invocar los viejos leitmotiv de siempre: ceremonias satánicas, brujería, muertos que resucitan… Todo, al final, resulta un tanto superficial y decepcionante.

En resumidas cuentas, desde su hibridación, La casa de las profundidades se percibe como un film principalmente sustentado en una atinada premisa conceptual en términos de desasosiego y de terror más elemental. Visualmente hablando, lo inusual de sus escenarios no pasa desapercibido: una mansión sumergida bajo las aguas de un lago es el marco perfecto para infundir desazón en el espectador y la interpretación, especialmente la de Camille Rowe, adecuada. Desde luego, no es la contundente Al interior, pero esta historia de casas encantadas y metraje encontrado subacuático propone una experiencia inmersiva en toda regla. Lástima que, por culpa de la flojera de su guión, resulte más inquietante que terrorífica.




terrorbit
terrorbit
Escritor y amante de cine de terror. Superfan de las películas de zombies, cuantos más zombies, mejor. Desde mis ojos, cuatro décadas viendo cine de terror os contemplan.